La mujer y la dieta vegetariana

Es muy frecuente encontrarse con una mujer que desea cuidar su salud y también su aspecto físico y que poneDieta_vegetariana especial énfasis en su dieta. Se informa y de manera lógica y sensata opta por una dieta que si no es vegetariana estricta, sí tiene una predominancia muy marcada de vegetales y frutas.

Es correcto desde el punto de vista fisiológico ya que nuestra constitución está más cerca de la estructura herbívora que de la carnívora. Con esta decisión se asegura que los productos tóxicos quedan limitados en su cuerpo y en especial, los residuos procedentes de la metabolización de las carnes. Además, evita las grasas saturadas de difícil eliminación y que se acumulan en los tejidos. A su vez, un metabolismo más liberado gestiona mejor sus propias reservas.

Visto esto, coincidimos en que la dirección es correcta y la intención es adecuada. Pero me gustaría hacerles una advertencia, una reflexión o sencillamente un toque de atención al respecto.

En nuestra experiencia hemos encontrado numerosos casos de mujeres —y varones— que han optado por una dieta frugal, de ensaladas frescas casi todo el año y de platos de verduras del tiempo. Estas personas, con el tiempo han mostrado signos de debilidad, cansancio o enfriamiento. Y esto es debido a que sus dietas vegetarianas no son óptimas. Queremos subrayar que el problema no es la dieta vegetariana en sí misma, sino cómo se lleva a cabo esta dieta en lo que respecta tanto a nutrientes como a la elaboración de los mismos.

Es frecuente encontrar mujeres que llevan a cabo dietas vegetarianas estrictas o casi estrictas y sin embargo no reducen las retenciones de líquidos localizadas en determinadas zonas. Y que también muestran otros signos de disfunción. Estas personas siempre se suelen hacer la misma pregunta ¿Cómo es posible comiendo lo que como y, sobre todo, de la manera en que lo cocino ya que casi todo es fresco o crudo, que no adelgace o que tenga tal “problemilla” de salud?

dietas_para_bajar_pesoLa respuesta está en una dieta que “enfría” en exceso el sistema digestivo, que merma la capacidad digestiva y de asimilación y que debilita las funciones orgánicas. La solución pasa por incrementar el poder digestivo y de asimilación y por aumentar el “calor” interno. Esto se consigue abriendo el espectro de la dieta vegetariana —porque no es necesario renunciar a ella en absoluto— y contemplar un equilibrio proporcionado entre cereales, verduras, legumbres, semillas, aceites, frutos y frutas. Además, y muy importante, el método de preparación y cocinado.Vegetariano no significa crudo y fresco. La experiencia nos ha demostrado la importancia de la cocina de los alimentos. Y cada época del año prefiere una forma de preparación. Así, si en verano es más recomendable ensaladas frescas —no sólo de lechuga— en invierno hay que limitar su consumo.

Gozar de una salud óptima no sólo consiste en depurar y no ingerir alimentos que dejen residuos, sino que depende y mucho de fortalecer y comer alimentos que nutran y conserven el poder digestivo.

Fuente : German Palacio (Acupuntor)

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